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La aprobación de los audífonos de Venta Libre (OTC) por la FDA de EE. UU. ha marcado un hito regulatorio. Este nuevo panorama fue diseñado con el propósito de reducir las barreras económicas y ampliar el acceso a la tecnología para millones de adultos. No obstante, para nuestra disciplina, esta medida no representa una amenaza a la existencia de la profesión, sino más bien un desafío que exige una redefinición de nuestro rol clínico y educativo.
En este contexto, es imperativo recordar la letra pequeña de la regulación: los audífonos OTC están destinados exclusivamente a adultos mayores de 18 años con pérdida auditiva percibida de leve a moderada. Por consiguiente, es nuestra responsabilidad garantizar que esta regulación se respete, manteniendo a los niños y a los pacientes con hipoacusias severas dentro del ámbito de la adaptación profesional. Para una visión oficial de la normativa, la FDA ofrece este recurso: Regulación de Audífonos OTC de la FDA.
El impacto de los OTC se extiende más allá del consumidor, alcanzando a otros profesionales de la salud. Un estudio publicado en The Laryngoscope por Davis et al. (2024) puso en evidencia una brecha formativa crucial: aunque los Médicos de Atención Primaria (MAP) se muestran positivos hacia los OTC (91,9%), la mayoría carece de familiaridad (61,3%) con estos dispositivos. Más aún, los MAP reportaron una bajísima confianza tanto para educar a los pacientes sobre el uso de los OTC como para determinar su candidatura adecuada.
Esta falta de confianza en la primera línea de atención subraya una clara oportunidad. En primer lugar, debemos establecer al fonoaudiólogo no solo como el experto en rehabilitación, sino también como el consultor indispensable para guiar a otros profesionales en la correcta derivación.
Es en este punto donde las directrices de las asociaciones como la ASHA (American Speech-Language-Hearing Association) y la AAA (American Academy of Audiology) se vuelven un filtro clínico esencial.
La ASHA insiste en que la principal lucha es contra el desconocimiento público y la confusión entre los audífonos OTC regulados y los amplificadores de sonido personales (PSAPs). Adicionalmente, ha definido una serie de señales de alerta clínica que exigen una intervención fonoaudiológica inmediata. Entre ellas se encuentran la hipoacusia unilateral o súbita, la presencia de tinnitus/acúfenos persistentes, dolor de oído o mareos recurrentes. Estos síntomas indican la necesidad de una evaluación exhaustiva, algo que la simple compra de un OTC no puede ofrecer.
Por su parte, la AAA ha sido enfática en que su rol como especialistas en audiología es guiar la selección del dispositivo y evaluar las necesidades específicas, asegurando que el paciente cumpla con los criterios regulatorios. La academia refuerza que, para pérdidas severas o profundas, la intervención de un especialista en calibración sigue siendo obligatoria para la seguridad y el rendimiento óptimo del paciente.
Nuestro rol, sin embargo, se extiende más allá de la mera amplificación. Somos nosotros, los fonoaudiólogos, quienes, en conjunto con el equipo interdisciplinario , debemos determinar con precisión cuándo los audífonos—sean de prescripción o OTC—han alcanzado su límite de eficacia. Por consiguiente, es nuestra evaluación diagnóstica y funcional la que define la necesidad de una solución de mayor complejidad, como la consideración de un Implante Coclear, garantizando así la derivación oportuna y el acceso a la máxima rehabilitación posible para el paciente.
Si bien la accesibilidad económica es un motor de cambio, la confiabilidad de los OTC debe medirse en el contexto de nuestra praxis. En este sentido, no podemos ignorar el avance tecnológico. Algunos modelos más modernos ya incorporan características que antes solo se encontraban en dispositivos de prescripción: cancelación de ruido por IA y direccionalidad avanzada. Por consiguiente, la literatura reciente refuerza la necesidad crítica de que la comunidad académica y clínica aborde con urgencia las implicaciones de esta rápida evolución.
No obstante, aquí se encuentra la principal falencia de la categoría OTC: la ausencia del Fonoaudiólogo Calibrador.
Un audífono OTC, aunque tecnológicamente avanzado, opera con un número limitado de programas. Lo que falta es la capacidad de calibración fina y personalizada basada en mediciones objetivas (como las mediciones en oído real), la verificación del fitting y el ajuste experto que solo un profesional puede realizar. La tecnología puede ofrecer programas, pero la experiencia clínica ofrece la solución y la rehabilitación.
Finalmente, aunque la aprobación de la FDA ha logrado reducir los costos y ha impulsado una mayor disponibilidad, el consenso de la comunidad profesional y las últimas investigaciones académicas enfatizan la importancia crítica de la educación pública y la detección adecuada de la pérdida auditiva. Nuestro desafío es capitalizar esta necesidad, ofreciendo nuestra experiencia no solo como calibradores de la amplificación, sino también como educadores esenciales en el nuevo modelo de atención auditiva que está surgiendo.
Ante este panorama, ¿Qué estrategias específicas estamos implementando en nuestras clínicas para posicionarnos como los consultores y calibradores indispensables para los usuarios de audífonos OTC?
